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sábado, 25 de diciembre de 2010

Oda a Jesucristo

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Siempre has existido Ángel mío
bajaste a mi encuentro en un cuerpo mortal
para poder encumbrarme más arriba de las nubes
en la inmensa eternidad total.

Me has dado alas para unirme a otras águilas
volar ligeras y veloces la dimensión de la verdad
hasta llegar a tu regazo seguro, transformándolas
y vivir eternas en tu preciosa ciudad.

Con tus manos ahuecadas has tomado mis faltas
la has lavado con tu amor profundo y celestial
y tu sangre carmesí se convirtió en agua cristalina
bañándome de vida, ¡Oh hermoso manantial¡

En oro macizo has convertido mi alma
que hoy brilla en medio de la humanidad
mi ser completo te ama y hoy te canta
una oda para agradecer tu inmensa bondad.