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viernes, 12 de septiembre de 2008

Nos engañamos

Nos engañamos a veces, esto es más común que cualquier otra cosa, y le pasa a la mayoría de la gente.
Nos engañamos en lo físico por medio de nuestros sentidos.
En uno de los encuentros del movimiento humanista fuimos a un parque en La Reina, me vendaron los ojos y me hicieron subir a un tablón que dos compañeros tomaban uno a cada lado, luego tuve la sensación de que lentamente me elevaban, esto demoró cerca de 2 minutos. Luego me hicieron saltar, me dio temor caer de esa altura, así que demoré en tomar la decisión, luego de un rato salté, ya con suficiente confianza como para saber que iba a caer parada. Al caer rompí mis pantalones y azote las rodillas en el suelo. Cuando trajeron otra compañera (que se encontraba en otro lugar) para experimentar lo mismo, me dejaron estar presente para ver el ejercicio. Le vendaron los ojos, le hicieron subir al tablón, y luego de los dos minutos en que la elevaron, le hicieron saltar, ella tuvo peor suerte término con una torcedura que se produjo al saltar de una altura de no más de 30 cms desde el suelo. Al subir dificultosamente la tabla, nuestros sentidos fueron engañados creyendo estar a una altura de 1 metro y medio sino, quizá más alto.
Y también se engaña nuestro espíritu, cuando recordamos por ejemplo a una persona, no la recordamos en realidad a ella, propiamente tal, sino que recordamos lo que nosotros quisimos ver en la persona, y nuestros sentimientos se convencen de que ella era de cierta forma, y a veces para nada es así en la realidad.